“Conocimientos en juego en el Coronavirus”

Covid-19: El fosfato de cloroquina podría tratar la neumonía

“La COVID-19 es la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto más recientemente. Tanto el nuevo virus como la enfermedad eran desconocidos antes de que estallara el brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019.” (Organización Mundial de la Salud).

El coronavirus, que científicamente se conoce como Orthocoronavirinae, no es nuevo. Sus ancestros se remontan al siglo IX a.C. y han sido varios los brotes que han ido surgiendo a lo largo de la historia.

Fue en la década de los 90 cuando se identificaron los primeros familiares comunes del coronavirus. En el año 3.300 a.C. existió el Betacoronavirus; en el 3.000 a.C. el Deltacoronavirus; en el 2.800 a.C los investigadores han descubierto que se propagó el Gammacoronavirus; y en el 2.400 a.C. surgió el Alphacoronavirus.

A pesar de esta línea temporal, el familiar común más cercano se remonta a la década de los 50 del siglo XX. Se trata del OC43 y se encuentra estrechamente relacionado con varias especies de murciélagos, según han señalado los últimos estudios.

En humanos fue detectado por primera vez en los años 60, concretamente en las cavidades nasales y desde entonces han sido identificados seis nuevos miembros de esta familia, siendo el último coronavirus. 

Los primeros casos de COVID-19 en 2020 se relacionaron con un mercado de animales vivos en Wuhan, China, lo que sugiere que el virus se transmitió inicialmente de los animales a los seres humanos. La teoría (propuesta por científicos de China y Singapur en 2018) es esta: para generar energía suficiente para volar, las células de los murciélagos se rompen y liberan fragmentos de ADN.

El contagio de persona a persona se produce a través del contacto con secreciones infectadas, principalmente a través del contacto con gotitas respiratorias grandes, pero también podría ocurrir a través del contacto con una superficie contaminada por gotitas respiratorias.

Y como sabemos, un porcentaje nada insignificante de los infectados enferman de gravedad y requieren cuidados intensivos. Por eso, los sistemas de salud se encuentran en riesgo y su eventual insuficiencia puede provocar problemas adicionales y una gran crisis de confianza en el modelo. A lo anterior hay que añadir los efectos económicos que ya se están produciendo y que pueden ser devastadores.

El esfuerzo que están haciendo las potencias científicas del mundo para conocer el virus y la forma de combatirlo no tiene comparación. Nunca se había compartido tanta información entre equipos de diferentes países.

Probablemente no se había hecho antes un esfuerzo colectivo de tal extensión e intensidad a un tiempo. Esta es una buena noticia para la humanidad porque la solución a largo plazo solo puede venir del conocimiento.

Estamos mejor que hace un siglo porque hoy sabemos más que entonces. Y para resolver el problema, deberemos aprender más aún. En el futuro nos esperan otras pandemias, quizás de nuevos virus o de superbacterias. Y otros desafíos nos aguardan, unos de orden sanitario y otros de diferente índole. No bastará con la ciencia y la tecnología para resolverlos, pero sin ciencia y tecnología no serán resolubles.

Frente a la incertidumbre que generan este tipo de situaciones de emergencia sanitaria y reordenamiento social, es imposible hablar de otro tema.o pensar en otra cosa. El coronavirus está provocando gran preocupación y malestar emocional en la población por la incertidumbre que genera el rápido contagio de este virus. Las constantes noticias sobre la pandemia pueden parecer interminables y esto está afectando la salud mental de muchos, particularmente quienes ya viven con afecciones como la ansiedad y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).

También el miedo se percibe en aquellas personas a las que les está costando conciliar el sueño y a las que les cuesta controlar su preocupación y pregunta constantemente a sus familiares por su estado de salud, advirtiéndoles de los graves peligros que corren cada vez que salen del domicilio.

Estar permanentemente conectado no le hará estar mejor informado y podría aumentar su sensación de riesgo y nerviosismo innecesariamente que finalmente traerán información errónea sobre el tema. Los rumores, que se originaron en cuentas de redes sociales no verificadas y no estaban respaldados por ninguna evidencia creíble, no podemos creer en todo lo que leemos en internet. Uno de las creencias que se escucho mas es que el calor puede matar el virus, pero la realidad es que los expertos en salud pública aseguran que no hay manera de saber esto. Otra creencia es que las personas contagiadas por el virus morirán cuando en realidad la tasa de mortalidad del virus es cercana al 2%, y, según las autoridades, se espera que esa cifra disminuya. Las personas que se contagian con el coronavirus generalmente padecen una enfermedad entre leve y moderada del tracto respiratorio superior, similar a un resfriado común.

Gracias a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) está colaborando de la mano con expertos a nivel mundial, gobiernos y asociados para ampliar los conocimientos científicos sobre este nuevo virus, rastrear su propagación y asesorar a los países y las personas sobre la medidas para proteger la salud y prevenir la propagación del brote del coronavirus. Asimismo, tiene como objetivo difundir la información correcta.

La epidemia de COVID-19 fue declarada por la OMS una emergencia de salud pública de preocupación internacional el 30 de enero de 2020. La caracterización ahora de pandemia significa que la epidemia se ha extendido por varios países, continentes o todo el mundo, y que afecta a un gran número de personas. Por sentido común se esperaba que el virus llegara en cuestión de un par de semanas a México y el día que llegó, el número de casos confirmados en México por coronavirus aumentó rápidamente, por lo que se estima que sigan aumentando.

No sabemos qué nos espera en las próximas semanas pero la pandemia del coronavirus es ya la mayor crisis que ha vivido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. La economía se ha paralizado y el modelo de globalización que primaba hasta ahora ha quedado en entredicho. En el plano político, el coronavirus ha puesto a prueba a las organizaciones internacionales y ha abierto la puerta a una nueva configuración del orden mundial en la que la tecnología y el Estado van a jugar un papel importante. 

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